desde Cumbres da Vinci...
Le vi, al fondo de una sala llena de gente a rebosar. Era una exposición de no-se-qué tontería impresionista en el Pabellón de Cristal. Yo estaba allí por compromiso. De hecho aborrezco el impresionismo. Para cualquier miope como yo es lo peor. De lejos lo ves borroso por la miopía, y de cerca lo ves borroso porque no se ve una puta mierda.
Mis amigos estaban atendiendo una chapa bastante densa sobre Sur la balançoire que por cierto siempre me dio cien patadas. La luz mis narices. Parece una maldita foto sobreexpuesta desenfocada y con polvo sobre la lente.
En fin. Paseaba distraídamente mi mirada por las paredes cuando su sola presencia me llamó, me llamó literalmente, desde el fondo de la sala. ¿Cuantas personas podía haber allí? ¿Quinientas? ¿Seiscientas? Levanté la vista. Nuestros ojos se encontraron.
Por un momento dejé de respirar.
El tiempo se detuvo en ese momento. De esos momentos en que el resto del mundo se desdibuja a tu alrededor. ¿Cómo resistirse?
Inspiré profundamente. Exhalé un deseo.
Se acercó a mí con pasos seguros, elásticos. Un gato tanteando su presa. La elegancia y el savoir-faire del perfecto ladrón de guante blanco. Se armó con sendas copas de champagne, y con una desenvoltura francamente irresistible siguió avanzando durante lo que me pareció una eternidad.
Por un momento dejé de respirar.
Con un garboso gesto me ofreció una copa haciendo gala de una de esas sonrisas que me siempre me desarman. El baile de seducción había empezado. ¿Cómo resistirse?
Inspiré profundamente. Exhalé admiración.
Me propuso dar un paseo por el parque de la Casa de Campo. Quedaba cerca. Dijo que me iba a ofrecer la mejor vista de las estrellas de Madrid. Adoro mirar las estrellas. Parecía como si me hubiera leído el pensamiento. Comentó que algún día nos reuniríamos en la luna. Y allí, tumbados inocentemente contemplado el firmamento… ¡me besó!
Y por un momento dejé de respirar.
Fue un beso de leyenda. Apasionado, cálido, hermoso. Comenzó a llover, pero no nos dábamos cuenta. Era el momento perfecto. Correspondí su beso mientras me abrazaba con fuerza. ¿Cómo resistirse?
Inspiré profundamente. Exhalé pasión.
La lluvia arreciaba, y las gotas a nuestro alrededor se deshicieron en frenesí. Comenzó a desnudarme con impaciencia mientras me besaba y mordía, ávido de lujuria. Sus manos recorrieron febrilmente cada centímetro de mi cuerpo. Sujetó las mías contra el suelo, aunque tampoco entraba en mis planes resistirme, y al fin, entró en mí con violencia.
Por un momento dejé de respirar.
Mi cuerpo se retorcía nerviosamente bajo el suyo al compás de sus movimientos. Seguía lloviendo a nuestro alrededor y hacía un frío del carajo, pero no importaba. Bailábamos una canción de hielo y fuego.
Inspiré profundamente. Exhalé entrega.
Salimos de allí, ahora más que conscientes de la incansable tormenta. Y menuda tormenta. A alguien de arriba le sobraban rayos. En alguna de las torres Kio debía haber en ese momento un Igor accionando alguna palanca. De ESAS tormentas. Recorrimos el Puente de Segovia, cerca de Puerta del Ángel. Siempre me han dado miedo las alturas. Entonces, en mitad de la pasarela me empujó.
Por un momento dejé de respirar.
En realidad es un bromista. En el último momento cogió mi mano. Ese gesto me infundió una sensación de infinita seguridad. Podía haber saltado si en aquel mismo momento me lo hubiese pedido, confiaba en él. ¿Cómo resistirse?
Inspiré profundamente. Exhalé devoción.
Me llevó a su casa. Me pidió disculpas por el desorden, aduciendo a que se estaba mudando, pues era nuevo en la ciudad. En realidad tampoco había desorden. De hecho estaba casi todo vacío. Excepto… la sala de sus dibujos. Sí, era dibujante. Se situó a un lado de la puerta del estudio y la abrió de par en par teatralmente.
Por un momento dejé de respirar.
Había dibujos por toda la habitación. Las paredes estaban abarrotadas de hermosos desnudos de bellas mujeres. Realmente era un gran artista. Los dibujos tapaban las paredes por completo, y también había más cosas, plumas, tickets, recortes de periódico, recuerdos sin duda de una vida de bohemio. ¿Cómo resistirse?
Inspiré profundamente. Exhalé fascinación.
Caminó hasta la pared y clavó con una chincheta la entrada de la exposición impresionista. Luego, me ofreció asiento en el diván gentilmente y se excusó unos instantes. Al regresar de la cocina no traía sino un estuche de lápices y un cuaderno. Y de nuevo con su sonrisa irrestible, me propuso dibujarme.
Por un momento dejé de respirar.
Para mi por supuesto era un auténtico honor. No podía haberme sentido más complacida. Me desnudé frente a él lentamente. Los minutos pasaron mientras él, absorto en su arte, no me quitaba los ojos de encima. ¿Cómo resistirse?
Inspiré profundamente. Exhalé una deliciosa turbación.
El dibujo quedó precioso. Mientras yo lo contemplaba, empezó a mordisquear juguetonamente mi cuello. No hagas eso. Pero no lo dije en voz alta. Me tiró al suelo. Al final nos liamos a ello de nuevo, ahí, en mitad de la alfombra. Y de repente, -no se de donde la sacó- me ató las manos con una brida al radiador.
Y por un momento dejé de respirar.
En realidad es un bromista. Se estaba riendo. No iba en serio. Podía seguirle el juego un rato. Aunque no duró mucho rato… Al cabo se levantó y farfulló algo sobre ir a dormir. Debía estar rendido, pobrecito. ¿Cómo resistirse?
Inspiré profundamen… un momento. Se ha olvidado de desatarme.
Cuando desperté, aún estaba sobre la alfombra de su estudio. Me había traído el desayuno, como disculpa por dejarme atada la noche pasada. Encima de la bandeja, dos rosas rojas, tallo largo, con espinas. ¡Que detalle tan romántico! ¿Cómo no iba a perdonarle? Después del desayuno, me dio un beso y me anunció que se marchaba.
Por un momento dejé de respirar.
Quédate conmigo por favor. Pero volverá pronto. Le esperaré aquí. Al fin y al cabo tiene que ir a trabajar. Esperaré. Cuanto haga falta. ¿Cómo resistirse?
Inspiré profundamente. Exhalé obediencia.
Pasan las horas. Cuando vuelve del trabajo está realmente furioso. Entra como una exhalación, y antes de que pueda siquiera saludarle, se lanza sobre mí y me hace el amor salvajemente. Me hace daño, y protesto. Entonces me golpea con fuerza. No quiere que grite, y no le culpo, pero no puedo evitarlo. Al final pierde la paciencia (normal) y golpea mi cabeza contra el suelo.
Por un momento dejé de respirar.
Cuando recuperé el conocimiento se había marchado. Pues si que había tenido un mal día. También yo me he portado fatal gritando y sollozando como una niña tonta. Cuando volvió se disculpó conmigo y cenamos juntos. Me prometió que no pasaría jamás. Le creía. ¿Cómo resistirse?
Pasan los días. La escena es más o menos la misma todos los días. Debe estar muy deprimido. Yo le ayudaré a superarlo. Siempre estoy ahí cuando me necesita. Siempre se arrepiente después. Todo el mundo le ve riendo. Sólo yo le veo llorando.
Pasan los meses… y de repente oigo sirenas de policía cerca. Parece que están entrando en el portal. Echan la puerta abajo.
Oh, por favor, no se molesten en llamar. Me acosan a preguntas que apenas entiendo. Hay mucho revuelo. ¿Qué pasa? Me envuelven en una manta y me obligan a salir de allí. ¿Alguien me puede explicar algo? Y allí estaba él… Visiblemente herido, le metían a la fuerza en un coche patrulla.
Por un momento dejé de respirar.
Ya en comisaría intento explicarlo. Él me ama, es todo un terrible error. No me creen. No sé que hacer para que comprendan. Al final me echan de allí.
Camino por el Puente de Segovia. Donde cogió mi mano. Donde aprendí a confiar en él.
No puedo vivir sin él. Él me ama.
No sé a donde ir.
La luna brilla sobre el agua. El reflejo es precioso.
Comentó que algún día nos reuniríamos en la luna.
¿Cómo resistirse?
Inspiré profundamente.
Exhalé mi último aliento.