miércoles, febrero 29, 2012

42 cosas que me hacen estar contenta (actualizando contenidos)

desde Metrópoli Thornon:

Hace ya cinco años que hablaba en mi blog de 42 cosas que me hacían estar contenta. Obvio algunas han cambiado algo, otras no me hacen tanta ilusión ya, pero me sorprende ver que la mayoría siguen vigentes en mi "alegrómetro" local. Pero para que la lista sea justa debe empezar de nuevo:

  • Rosas rojas, tallo largo, semicerradas, con espinas (siempre igual)
  • Los columpios.
  • Superarme.
  • Photoshopear.
  • El tacto de la goma.
  • El uno de Mayo, cada año más cariño.
  • Quemar cosas.
  • Gatitos!! =^.^=
  • Una playa solitaria y oír el rumor de las olas.
  • Tomar cañas en el bar de siempre.
  • Los kender!!
  • El sol.
  • Disfrazarme.
  • Póker / BlackJack.
  • Terry Pratchett / PKD.
  • Descargas a +de 300kb/s.
  • Zaragoza.
  • Rojo y negro.
  • Relojes.
  • Dungeons & Dragons.
  • Libros nuevos / cómics nuevos.
  • Grandes sesiones creativas con el Silex en cualquier parte.
  • Tener una imagen en la cabeza y que a las pocas horas se convierta en un hecho, a color y todo.
  • Arreglar el mundo en el bar con un amigo.
  • La Sci-Fi, sobre todo las distopías.
  • Historias épico/fantásticas de amor, guerra y magia.
  • +18 en un d20 (o en los dardos).
  • Brainstormings (con gente que aporte ganas, ideas y conocimiento a partes iguales).
  • Las personas con un sentido del honor MUY elevado (con palabras y con actos).
  • Trucos de magia.
  • La luna en todas sus variantes.
  • La lluvia y las tormentas, y esas ganas de subirme a una montaña y gritar entre truenos a los dioses irreverentemente: "¡¡dadme lo mejor que tengáis, bastardos!!"
  • Musicales (verlos y sobre todo cantarlos con amigos, o sola, que más da :D ).
  • Jugar a juegos de entre 1987 y 1996 (sobre todo las aventuras gráficas), City Building y RPG.
  • Amargos y a la vez dulces momentos de triste melancolía creativa con mi playlist de cantautores rollo Sabina, copa, cigarro y folio en blanco.
  • Ácidos y a la vez dulces momentos de euforia maníaca creativa con mi playlist 'A Hard's Day Night', copa, cigarro y folio en blanco.
  • Decir ingeniosas frases de cine u otros medios en el momento adecuado. Sobre todo me pone alegre cuando la gente las pilla, pero si no… ya habrá otra ocasión ;)
  • Hacer magia con Lou y nuestra brujilla Vera ;D
  • Mis amigos cumplen su sueño, y yo estoy ahí para verlo (o mejor: he ayudado).
  • Duelos de esgrima / de sables láser / de insultos de Monkey Island.
  • Canciones de Disney (avergonzante pero cierto).
  • Conocer gente genial demostrando así que nunca es tarde si la dicha es buena.

martes, febrero 28, 2012

Siempre quiso ser una princesa (retrato de desespero #16)

Desde Estados Cotton Matter...


De niña siempre quiso ser una princesa.
Pero esos sueños habían muerto desde hacía mucho.

No fue perder su trabajo. De hecho no había sido la única. Mucha gente se fue a la calle aquel día.
Fue más bien cómo se lo comunicaron.
Han sido 5 años geniales, espero que hayas aprendido mucho con nosotros, bla, bla, bla, estamos aqui para lo que quieras...
Parecía un discurso cortado y pegado de cualquier otro. Se sintió tan insignificante... tan poco importante.

El colegio privado de la pequeña Marla tendría que esperar. Ya llevaba mucho tiempo esperando, luego por un poco más... ahora al menos tendría tiempo para ir a buscarla al salir. No volvería a venir con moratones. No desde ese día. Los profesores no podían hacer nada, decían. Era un barrio peligroso. Siempre fue así.

En casa siempre hacía frío. David no le pasaba la pensión desde hacía meses. Casi mejor. No quería nada que le recordase a él.
No le dijo nada a su hija. No quiso preocuparla. Bastante tenía ya.

Pasaron las semanas, los meses.
La prestación por desempleo se acabó agotando. Después su esperanza.
Las entrevistas de trabajo siempre eran igual.
Nos gusta tu perfil, aunque parece que llevas mucho tiempo fuera del mercado laboral, ¿no? ¿Una hija, dices? Bien. Ya te llamaremos...

Llegaban cartas del banco por impagos. La vista por la custodia de Marla no salió como ella esperaba. Al fin y al cabo, no pudo conseguirse un buen abogado. Y no tenía trabajo.
Por favor, haz que su padre no vuelva a ponerle la mano encima.

Cuando Marla se marchó, se llevó consigo la poca luz que aún quedaba en la casa, aunque la electricidad la habían cortado desde hacía un tiempo.

Se tumbó en la cama. Poco a poco se dió cuenta que era más fácil huir hacia dentro.

Mamá. Tengo frío.

No estás ahí, se dijo. Se te llevaron.
Siempre hacía frío. Pero ella ya no lo sentía.

Pasaron las semanas, los meses.
La cama era tan agradable. Y el cuerpo le pesaba tanto...

Cuando el olor fue insoportable los vecinos llamaron a los bomberos. Ella seguía tumbada lacónicamente en su cama, con una expresión de vacío en sus ojos abiertos, inexpresivos. Sin vida. Las manos cruzadas sobre el pecho. No habría beso que la despertara.

De niña siempre quiso ser una princesa.
Pero esos sueños habían muerto desde hacía mucho.

Por un momento dejé de respirar (una histeria de amor)

desde Cumbres da Vinci...

Le vi, al fondo de una sala llena de gente a rebosar. Era una exposición de no-se-qué tontería impresionista en el Pabellón de Cristal. Yo estaba allí por compromiso. De hecho aborrezco el impresionismo. Para cualquier miope como yo es lo peor. De lejos lo ves borroso por la miopía, y de cerca lo ves borroso porque no se ve una puta mierda.

Mis amigos estaban atendiendo una chapa bastante densa sobre Sur la balançoire que por cierto siempre me dio cien patadas. La luz mis narices. Parece una maldita foto sobreexpuesta desenfocada y con polvo sobre la lente.

En fin. Paseaba distraídamente mi mirada por las paredes cuando su sola presencia me llamó, me llamó literalmente, desde el fondo de la sala. ¿Cuantas personas podía haber allí? ¿Quinientas? ¿Seiscientas? Levanté la vista. Nuestros ojos se encontraron.

Por un momento dejé de respirar.

El tiempo se detuvo en ese momento. De esos momentos en que el resto del mundo se desdibuja a tu alrededor. ¿Cómo resistirse?

Inspiré profundamente. Exhalé un deseo.


Se acercó a mí con pasos seguros, elásticos. Un gato tanteando su presa. La elegancia y el savoir-faire del perfecto ladrón de guante blanco. Se armó con sendas copas de champagne, y con una desenvoltura francamente irresistible siguió avanzando durante lo que me pareció una eternidad.

Por un momento dejé de respirar.

Con un garboso gesto me ofreció una copa haciendo gala de una de esas sonrisas que me siempre me desarman. El baile de seducción había empezado. ¿Cómo resistirse?

Inspiré profundamente. Exhalé admiración.

Me propuso dar un paseo por el parque de la Casa de Campo. Quedaba cerca. Dijo que me iba a ofrecer la mejor vista de las estrellas de Madrid. Adoro mirar las estrellas. Parecía como si me hubiera leído el pensamiento. Comentó que algún día nos reuniríamos en la luna. Y allí, tumbados inocentemente contemplado el firmamento… ¡me besó!

Y por un momento dejé de respirar.

Fue un beso de leyenda. Apasionado, cálido, hermoso. Comenzó a llover, pero no nos dábamos cuenta. Era el momento perfecto. Correspondí su beso mientras me abrazaba con fuerza. ¿Cómo resistirse?

Inspiré profundamente. Exhalé pasión.

La lluvia arreciaba, y las gotas a nuestro alrededor se deshicieron en frenesí. Comenzó a desnudarme con impaciencia mientras me besaba y mordía, ávido de lujuria. Sus manos recorrieron febrilmente cada centímetro de mi cuerpo. Sujetó las mías contra el suelo, aunque tampoco entraba en mis planes resistirme, y al fin, entró en mí con violencia.

Por un momento dejé de respirar.

Mi cuerpo se retorcía nerviosamente bajo el suyo al compás de sus movimientos. Seguía lloviendo a nuestro alrededor y hacía un frío del carajo, pero no importaba. Bailábamos una canción de hielo y fuego.

Inspiré profundamente. Exhalé entrega.

Salimos de allí, ahora más que conscientes de la incansable tormenta. Y menuda tormenta. A alguien de arriba le sobraban rayos. En alguna de las torres Kio debía haber en ese momento un Igor accionando alguna palanca. De ESAS tormentas. Recorrimos el Puente de Segovia, cerca de Puerta del Ángel. Siempre me han dado miedo las alturas. Entonces, en mitad de la pasarela me empujó.

Por un momento dejé de respirar.

En realidad es un bromista. En el último momento cogió mi mano. Ese gesto me infundió una sensación de infinita seguridad. Podía haber saltado si en aquel mismo momento me lo hubiese pedido, confiaba en él. ¿Cómo resistirse?

Inspiré profundamente. Exhalé devoción.

Me llevó a su casa. Me pidió disculpas por el desorden, aduciendo a que se estaba mudando, pues era nuevo en la ciudad. En realidad tampoco había desorden. De hecho estaba casi todo vacío. Excepto… la sala de sus dibujos. Sí, era dibujante. Se situó a un lado de la puerta del estudio y la abrió de par en par teatralmente.

Por un momento dejé de respirar.

Había dibujos por toda la habitación. Las paredes estaban abarrotadas de hermosos desnudos de bellas mujeres. Realmente era un gran artista. Los dibujos tapaban las paredes por completo, y también había más cosas, plumas, tickets, recortes de periódico, recuerdos sin duda de una vida de bohemio. ¿Cómo resistirse?

Inspiré profundamente. Exhalé fascinación.

Caminó hasta la pared y clavó con una chincheta la entrada de la exposición impresionista. Luego, me ofreció asiento en el diván gentilmente y se excusó unos instantes. Al regresar de la cocina no traía sino un estuche de lápices y un cuaderno. Y de nuevo con su sonrisa irrestible, me propuso dibujarme.

Por un momento dejé de respirar.

Para mi por supuesto era un auténtico honor. No podía haberme sentido más complacida. Me desnudé frente a él lentamente. Los minutos pasaron mientras él, absorto en su arte, no me quitaba los ojos de encima. ¿Cómo resistirse?

Inspiré profundamente. Exhalé una deliciosa turbación.

El dibujo quedó precioso. Mientras yo lo contemplaba, empezó a mordisquear juguetonamente mi cuello. No hagas eso. Pero no lo dije en voz alta. Me tiró al suelo. Al final nos liamos a ello de nuevo, ahí, en mitad de la alfombra. Y de repente, -no se de donde la sacó- me ató las manos con una brida al radiador.

Y por un momento dejé de respirar.

En realidad es un bromista. Se estaba riendo. No iba en serio. Podía seguirle el juego un rato. Aunque no duró mucho rato… Al cabo se levantó y farfulló algo sobre ir a dormir. Debía estar rendido, pobrecito. ¿Cómo resistirse?

Inspiré profundamen… un momento. Se ha olvidado de desatarme.

Cuando desperté, aún estaba sobre la alfombra de su estudio. Me había traído el desayuno, como disculpa por dejarme atada la noche pasada. Encima de la bandeja, dos rosas rojas, tallo largo, con espinas. ¡Que detalle tan romántico! ¿Cómo no iba a perdonarle? Después del desayuno, me dio un beso y me anunció que se marchaba.

Por un momento dejé de respirar.

Quédate conmigo por favor. Pero volverá pronto. Le esperaré aquí. Al fin y al cabo tiene que ir a trabajar. Esperaré. Cuanto haga falta. ¿Cómo resistirse?

Inspiré profundamente. Exhalé obediencia.

Pasan las horas. Cuando vuelve del trabajo está realmente furioso. Entra como una exhalación, y antes de que pueda siquiera saludarle, se lanza sobre mí y me hace el amor salvajemente. Me hace daño, y protesto. Entonces me golpea con fuerza. No quiere que grite, y no le culpo, pero no puedo evitarlo. Al final pierde la paciencia (normal) y golpea mi cabeza contra el suelo.

Por un momento dejé de respirar.

Cuando recuperé el conocimiento se había marchado. Pues si que había tenido un mal día. También yo me he portado fatal gritando y sollozando como una niña tonta. Cuando volvió se disculpó conmigo y cenamos juntos. Me prometió que no pasaría jamás. Le creía. ¿Cómo resistirse?

Pasan los días. La escena es más o menos la misma todos los días. Debe estar muy deprimido. Yo le ayudaré a superarlo. Siempre estoy ahí cuando me necesita. Siempre se arrepiente después. Todo el mundo le ve riendo. Sólo yo le veo llorando.

Pasan los meses… y de repente oigo sirenas de policía cerca. Parece que están entrando en el portal. Echan la puerta abajo.
Oh, por favor, no se molesten en llamar. Me acosan a preguntas que apenas entiendo. Hay mucho revuelo. ¿Qué pasa? Me envuelven en una manta y me obligan a salir de allí. ¿Alguien me puede explicar algo? Y allí estaba él… Visiblemente herido, le metían a la fuerza en un coche patrulla.

Por un momento dejé de respirar.

Ya en comisaría intento explicarlo. Él me ama, es todo un terrible error. No me creen. No sé que hacer para que comprendan. Al final me echan de allí.

Camino por el Puente de Segovia. Donde cogió mi mano. Donde aprendí a confiar en él.

No puedo vivir sin él. Él me ama.

No sé a donde ir.


La luna brilla sobre el agua. El reflejo es precioso.

Comentó que algún día nos reuniríamos en la luna.


¿Cómo resistirse?

Inspiré profundamente.
Exhalé mi último aliento.

sábado, febrero 18, 2012

Ay Arkana, mujer fría II

desde Cumbres da Vinci...

Que bonito paisaje. Mucho tiempo sin venir a estas soleadas y nevadas cumbres. Está todo lleno de polvo. Me hace estornudar un poco pero seguro que me acostumbro pronto.

Ejem. La segunda parte de "Ay Arkana, mujer fría".

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Ay Arkana, mujer fría, tuviste lo que pediste
Consumiste tus deseos y ahora te parece triste.

Ya lo viste, fue un despiste, y es ahora cuando añoras
lo que alguna vez perdiste y consumiste aquellas horas.

Ahora lloras, ahora ríes, y ya no hay en quien confíes,
maniquíes que tu amor les das por dos maravedíes.

Ocho líneas carmesíes tus heridas de venganza,
de templanza fastos sueños que por fin tu mano alcanza.

La balanza se ha combado y te hallas en tierra baldía.
Te consume la apatía, ya no Dama, mas sí arpía.

¡Ay Arkana mujer fría! Lo perdiste de repente,
arrepiéntete demente, por tu alma penitente.

Ya las sientes, las cadenas que te encierran porque quieres,
lenta mueres, culpa afrentas y a quién más amas más hieres.

Firme eres, nunca dudas, arrogante y siempre atenta,
mas no cuentan pareceres para esa mano sangrienta.

Fiebre eres, virulenta, muy contenta de ti misma.
Los sofismas que te cuentas fulminaron tu carisma.

Abre los ojos Arkana, cruel dama imperturbable.
Lo que pudo ser no ha sido. Y solo tú eres cupable.


No la escuches, dulce dama, no dejes que te envenene
No conviene alimentarla, poder sobre ti no tiene.

Con peligros y fatigas aún frenas el mal que expandes,
Pues fuerte es tu voluntad, tus reinos igual de grandes.